martes, 8 de marzo de 2011

El coraje de dejarse amar...

En estos días he estado experimentando diversos encuentros con el amor, en vías diferentes: recibiendo, otorgando, observándolo en gestos, en acciones, en resumen, viviéndolo.

En este convivir un poco más consciente con el amor, he descubierto lo fácil que es para algunas personas el otorgarlo, entregar todo en nombre de esta emoción, hacer actos sencillos, sublimes y heroicos como el declararlo, esas dos palabras que a veces decimos sin medir su impacto en ti o en quien las recibe: Te Amo.
Por otra parte, también he observado lo sencillo que es para otros el recibirlo, con apertura, sin complejos, con plenitud; aceptando su llegar como quien recibe un regalo preciado, en el disfrute de su presencia.

Cada día creo más en la necesidad del balance entre ambos momentos, ese dar y recibir, como una danza ancestral, en el construir de la armonía que engloba o permite una relación sana, duradera, que se crece en sí misma y mantiene su esencia.

Para mi sorpresa esta danza es la menos común en las relaciones humanas, por alguna razón que desconozco somos un porcentaje reducido aquellos que recibimos y damos amor en equilibrio, y lo que más me ha sorprendido es que lo menos común es darte el permiso para recibir amor, ¿paradójico verdad?

Hay miles de canciones buscándolo, miles de personas añorándolo, cientos de libros en su nombre, más el abrirse, el mostrarse vulnerable y decir "aquí estoy, te recibo" parece el mayor acto heroico que un ser humano pueda hacer, pues es desde su esencia tener el coraje de aceptar que no somos perfectos, de dejarnos ver al desnudo, mostrando nuestras virtudes y defectos, nuestro sol y nuestra sombra, y desde este espacio ser compasivos con nosotros mismos, querernos y aceptarnos, para así llegar al logro de los que disfrutan el ser amados, ser auténticos.

Cuando somos auténticos, creemos que somos dignos de amor y de pertenencia, nuestro temor a no ser suficiente desaparece y nos embriaga el sentido de conexión con la vida, con el otro, y desde allí florece el ser humano que somos, abierto a recibir cariño, amor, abrazos; a sentirse parte de… en relación con… en disfrute de…

Podemos pasar nuestra vida buscando la respuesta afuera, analizando qué pasa con los demás, cuando con solo mirarnos con respeto, con compasión, podemos encontrar más de una respuesta a múltiples preguntas que nos llegan, más de un camino a muchas encrucijadas que encontramos, más de una razón para dejar entrar en tu corazón eso que tanto añoras, tanto buscas y que está al lado, susurrándote al oído “aquí estoy”, solo debes tener el coraje de abrir tu escucha y recibirlo.

¡Decídete! es hora de utilizar todos esos recursos maravillosos que tienes en ti para ti, al final eres el ser más importante de tu vida, ¡como no darte esta oportunidad!.